“Juanito Moving to the US” es un proyecto multimedia rico en emociones subrayado por una composición de jazz instrumental original de Arman Ayva. Combinando influencias latinas con texturas del jazz moderno, esta partitura captura el viaje agridulce de Juanito, un joven soñador que navega por la familia, la identidad y la frontera entre dos mundos.
Esta pieza es un ejemplo perfecto de música para vídeo y música para TV que cuenta una historia más allá del diálogo. Las melodías con influencias de jazz añaden humor sutil, calidez y profundidad emocional a las imágenes, lo que las hace ideales para producciones narrativas. Si buscas música original para documentales, cortometrajes o series de televisión, esta partitura ofrece una combinación convincente de sonidos tradicionales y contemporáneos.
Con una instrumentación cuidadosa y una improvisación expresiva, el trabajo de Arman Ayva encaja perfectamente en el ámbito del jazz cinematográfico, la música de fondo para escenas emocionales y las bandas sonoras para narraciones multiculturales.
vida aburrida
La vida en Oaxaca siempre había sido una mezcla de lo extraordinario y lo mundano para Juanito. Durante el día, estudiaba mucho, jugueteaba con aparatos y soñaba con un futuro más allá de la pequeña y chirriante casa de su familia. Por la noche, caminaba junto a sus padres y su hermana pequeña, uniéndose a sus rituales paseos zombis iluminados por la luna por los campos de maíz.
¿Pero en el medio? Esa fue la parte aburrida.
Las mañanas olían a café quemado y carne ligeramente descompuesta (su madre a veces se olvidaba de "sacudirse" su forma de no-muerto antes de preparar el desayuno). La escuela era una rutina: matemáticas, literatura, evitando la necesidad de morder a su maestro menos favorito. El mercado estaba lleno de vida, pero Juanito no pudo evitar notar la forma en que los vendedores miraban a su familia, siempre cautelosos, como si esperaran que se lanzaran a por una nueva tanda de tamales.
“Lo juro, actuamos con normalidad”, le dijo a Lupita una tarde, mientras veía a su madre meter casualmente un globo ocular en su órbita mientras regateaba por unos aguacates.
Lupita se rió. "Lo normal es aburrido".
Quizás ella tenía razón. Quizás mezclarse no era su estilo. Pero Juanito todavía anhelaba algo más grande. Algo más allá de las mismas calles polvorientas, las mismas miradas recelosas, el mismo ciclo interminable de deberes y hambre.
Westbridge College no fue sólo un boleto para una educación: fue un escape. Una forma de demostrar que incluso un niño de una familia maldita y propensa a los zombis podría construir un futuro. Sólo tenía que sobrevivir al viaje.
#Discusión familiar
Esa noche, el clan Sánchez se reunió en su cocina chirriante, el aire estaba cargado con el olor a mole y carne podrida (un efecto secundario de su última transformación). Rosa, la madre de Juanito, mordisqueó una pierna de pollo cruda, con su apetito zombi ardiendo, mientras Miguel, su padre, se rascaba un trozo de piel que se estaba pelando en su brazo. Lupita, su hermana pequeña, practicó su movimiento de no-muerta alrededor de la mesa, riéndose.
"¡Una universidad americana! ¡Cerebros y libros, Juanito!" Rosa gruñó, su voz ronca por su último paso como zombi. "Pero en la frontera... las tensiones son altas. ¿Qué pasa si disparan primero y hacen preguntas después cuando nos ven?".
Los ojos de Miguel brillaron levemente de color verde mientras asentía. "Les tienen miedo a los inmigrantes, mijo. Imagínate si nos pillan en mitad de la transformación: '¡Los zombis mexicanos invaden!', titulares durante días".
“Seré humano, papá”, dijo Juanito, sonriendo. "No mascar a los profesores, lo juro. Esta es nuestra oportunidad: estudiaré ingeniería y nos construiré una mansión a prueba de zombis".
Lupita se tambaleó hacia delante, con los brazos extendidos. “¿Me enviarás cerebros americanos?”
La familia se rió y su risa resonó como la banda sonora de una película de terror. Rosa le entregó a Juanito un tarro de patas de cerdo en escabeche. "Para el camino. Mantiene los antojos bajos".
#Cajas de mudanza
Una semana después, la casa de los Sánchez era un caos de maletas y gemidos. Juanito dobló su ropa en una maleta y se detuvo para oler una camisa; sí, todavía con aroma humano. Lupita pegó con cinta adhesiva cajas marcadas como "El botín de Juanito" y arrojó dentro un frasco de "cerebros de emergencia" (en realidad, solo chicharrones). Levantó una pelota de fútbol y se quedó boquiabierta con un gemido fingido de zombi. "¿Tomar esto?"
“Quédatelo”, dijo Juanito, esquivando su estocada juguetona. "Patea algunos goles de no-muertos".
Rosa entró arrastrando los pies, su piel se volvió gris brevemente antes de quitársela de encima. Ella puso un collar con una cruz de madera en su mano. "Bendito por el Padre Gómez. Mantiene a los zombis bajo control y a los guardias fronterizos lejos de ti".
Las cajas se amontonaron: libros, un manual de supervivencia zombie, una manta cosida con calaveras. Juanito suspiró, extrañando ya las sesiones nocturnas de la familia.
#Sala de espera
En una atestada oficina de Ciudad de México, Juanito estaba sentado esperando su visa, con la pierna temblando como un zombi en medio de una cacería. La sala apestaba a sudor y burocracia, y la televisión hablaba a todo volumen de “amenazas fronterizas”. Agarró sus papeles, resistiendo la tentación de gruñirle a un niño que lo miraba fijamente durante demasiado tiempo.
Cuando su número apareció, se acercó al mostrador. La empleada, una mujer severa con una uniceja, hojeó sus documentos: carta de aceptación, calificaciones, prueba de beca. "Westbridge, ¿eh?" ella murmuró. "Suerte. Están rechazando a cualquiera que parezca... desagradable". Ella miró su tez ligeramente pálida pero selló su visa de todos modos. Juanito exhaló, con cuidado de no dejar escapar sus colmillos.
#Cruzando fronteras
En la frontera de Tijuana, Juanito hacía cola, maleta en mano, mientras el sol le quemaba la piel. La multitud avanzó arrastrando los pies: algunos humanos, otros sospechosamente nerviosos (¿o era sólo él?). Los agentes estadounidenses ladraban órdenes y sus perros husmeaban en busca de contrabando... o tal vez de muertos vivientes. El estómago de Juanito gruñó, pero se metió una pata de cerdo en escabeche en la boca para seguir siendo humano.
“Papeles”, espetó el agente, sus gafas de sol reflejaban el rostro nervioso de Juanito. Juanito le entregó su pasaporte y visa, conteniendo la respiración, literalmente, para evitar el aliento de zombie. El hombre los examinó y luego entrecerró los ojos. “¿Motivo de la entrada?”
"La universidad, señor. Westbridge", dijo Juanito, rezando para que sus ojos no brillaran.
El agente gruñó, selló el pasaporte y le indicó que pasara. "¡Próximo!"
Juanito entró en Estados Unidos y miró hacia México con una sonrisa. Casi podía oír el gemido zombie de Lupita animándolo. Tensiones o no, fronteras o no, lo había logrado, no se necesitaba cerebro. Todavía.
#Juanito Mudándose a Estados Unidos, por Arman Ayva
Álbum de 5 pistas
